
Ocho de cada diez hablan de lo público. Y no para bien
Ocho de cada diez hablan de lo público. Y no para bien
A menos de un mes de las elecciones generales, Andrés Medina, director general de Winston, analizó en
Herrera en COPEcon Jorge Bustos cómo perciben los españoles el funcionamiento de los servicios públicos. Su diagnóstico: un malestar extendido, sostenido en el tiempo y que, esta vez, puede llegar a las urnas.
Llegar al trabajo, ir a clase o acudir al médico forma parte de lo cotidiano. Por eso, cuando falla, se nota. Y se habla. Según los datos que expuso Medina, ocho de cada diez españoles dicen que conversan con frecuencia sobre los servicios públicos y sobre cómo funcionan. La respuesta, lamentablemente, es que mal.
Ningún servicio con aprobado mayoritario
No es una impresión reciente. Desde hace más de una década, ni la mitad de los españoles considera que la mayoría de los servicios públicos funcionan bien, y hoy ninguno cuenta con un respaldo mayoritario. La sanidad y el transporte son los que más claramente han empeorado en los últimos años. La dependencia y la justicia solo convencen a tres de cada diez ciudadanos. La seguridad ciudadana y el transporte público siguen entre los mejor valorados, aunque Medina matizó que la mala imagen del transporte se ha duplicado en poco tiempo.
Hay además un cambio de fondo que merece atención: por primera vez en más de veinte años, son más los españoles que creen que se dedican muy pocos recursos a las obras públicas que los que piensan que se dedica lo suficiente. Durante dos décadas, la opinión mayoritaria fue la contraria. La petición ciudadana, a juicio de Medina, es sensata y sencilla: donde no haya infraestructuras, que se creen; donde las haya y no funcionen, que se mejoren.
Dónde coinciden y dónde no
En lo básico, como sanidad, educación o dependencia, votantes de izquierda y de derecha valoran de forma parecida. Las diferencias aparecen en tres servicios: la seguridad ciudadana y las obras públicas, peor valoradas por la derecha, y la justicia, que este mismo sector puntúa mejor.
Lo que se paga y lo que se recibe
La otra cara del descontento es fiscal. Seis de cada diez españoles creen que su familia recibe de las administraciones menos de lo que paga en impuestos. Entre los votantes de derecha lo piensan ocho de cada diez; en la izquierda, la mitad. Más de siete de cada diez consideran que los impuestos no se cobran con justicia, la desconfianza hacia Hacienda supera a la confianza y tres de cada cuatro creen que los partidos no atienden los problemas que de verdad importan.
Del malestar al voto
La gran pregunta es si todo esto se traducirá en votos. Medina recordó que, tras Adamuz, los datos electorales no registraron un gran cambio, pero que tras Urda su sensación es distinta: que el enfado sí puede cristalizar el 29 de noviembre. A su juicio, ese malestar está dejando especialmente desorientada a la izquierda, y al PSOE se le abren tres vías de agua: la abstención de votantes que ahora tienen más motivos para quedarse en casa, la fuga hacia un Feijóo que puede percibirse como garantía de gestión y un posible retroceso de las izquierdas territoriales.
Los datos no deciden elecciones. Las deciden las personas. Pero cuando ocho de cada diez hablan del mismo problema, conviene escucharlas antes de que hablen en las urnas.
A menos de un mes de las elecciones generales, Andrés Medina, director general de Winston, analizó en
Herrera en COPEcon Jorge Bustos cómo perciben los españoles el funcionamiento de los servicios públicos. Su diagnóstico: un malestar extendido, sostenido en el tiempo y que, esta vez, puede llegar a las urnas.
Llegar al trabajo, ir a clase o acudir al médico forma parte de lo cotidiano. Por eso, cuando falla, se nota. Y se habla. Según los datos que expuso Medina, ocho de cada diez españoles dicen que conversan con frecuencia sobre los servicios públicos y sobre cómo funcionan. La respuesta, lamentablemente, es que mal.
Ningún servicio con aprobado mayoritario
No es una impresión reciente. Desde hace más de una década, ni la mitad de los españoles considera que la mayoría de los servicios públicos funcionan bien, y hoy ninguno cuenta con un respaldo mayoritario. La sanidad y el transporte son los que más claramente han empeorado en los últimos años. La dependencia y la justicia solo convencen a tres de cada diez ciudadanos. La seguridad ciudadana y el transporte público siguen entre los mejor valorados, aunque Medina matizó que la mala imagen del transporte se ha duplicado en poco tiempo.
Hay además un cambio de fondo que merece atención: por primera vez en más de veinte años, son más los españoles que creen que se dedican muy pocos recursos a las obras públicas que los que piensan que se dedica lo suficiente. Durante dos décadas, la opinión mayoritaria fue la contraria. La petición ciudadana, a juicio de Medina, es sensata y sencilla: donde no haya infraestructuras, que se creen; donde las haya y no funcionen, que se mejoren.
Dónde coinciden y dónde no
En lo básico, como sanidad, educación o dependencia, votantes de izquierda y de derecha valoran de forma parecida. Las diferencias aparecen en tres servicios: la seguridad ciudadana y las obras públicas, peor valoradas por la derecha, y la justicia, que este mismo sector puntúa mejor.
Lo que se paga y lo que se recibe
La otra cara del descontento es fiscal. Seis de cada diez españoles creen que su familia recibe de las administraciones menos de lo que paga en impuestos. Entre los votantes de derecha lo piensan ocho de cada diez; en la izquierda, la mitad. Más de siete de cada diez consideran que los impuestos no se cobran con justicia, la desconfianza hacia Hacienda supera a la confianza y tres de cada cuatro creen que los partidos no atienden los problemas que de verdad importan.
Del malestar al voto
La gran pregunta es si todo esto se traducirá en votos. Medina recordó que, tras Adamuz, los datos electorales no registraron un gran cambio, pero que tras Urda su sensación es distinta: que el enfado sí puede cristalizar el 29 de noviembre. A su juicio, ese malestar está dejando especialmente desorientada a la izquierda, y al PSOE se le abren tres vías de agua: la abstención de votantes que ahora tienen más motivos para quedarse en casa, la fuga hacia un Feijóo que puede percibirse como garantía de gestión y un posible retroceso de las izquierdas territoriales.
Los datos no deciden elecciones. Las deciden las personas. Pero cuando ocho de cada diez hablan del mismo problema, conviene escucharlas antes de que hablen en las urnas.