La IA ya no nos fascina. Nos preocupa

La IA ya no nos fascina. Nos preocupa

Con la inteligencia artificial en boca de todos, Jorge Bustos dedicó la sección ‘El Observatorio’ de Herrera en COPE a una pregunta incómoda: ¿qué sienten los españoles ante la IA? Andrés Medina, director general de Winston, trajo la respuesta. Y no es entusiasmo.


Durante un tiempo, la IA fue el juguete nuevo. Le pedías un poema, un correo o una receta con lo que quedaba en la nevera, y te quedabas con la boca abierta. Eso se está acabando. Como explicó Medina, la preocupación, la cautela y el miedo están venciendo al entusiasmo y a la emoción que cualquiera siente cuando trabaja con estas herramientas. El asombro dura poco. La inquietud, bastante más.


Los datos que puso sobre la mesa no dejan mucho margen: casi 9 de cada 10 españoles temen no saber ya qué es real y qué es fabricado. Y más del 80% teme que las máquinas puedan tener armas y funcionar por su cuenta. No es ciencia ficción. Es lo que la gente contesta cuando le preguntas.


El miedo de los que llevan corbata

Lo llamativo es dónde se concentra el pesimismo sobre el empleo: no en los países con menos recursos, sino en las economías más avanzadas, como Corea del Sur, Australia o Estados Unidos. En España, según Pew Research, el 54% cree que la IA destruirá más empleos de los que cree. Medina lo explicó con una imagen difícil de olvidar: hoy los campesinos del siglo pasado somos nosotros, los que tenemos como aperos de labranza el teléfono móvil y el teclado. Con una diferencia que lo cambia todo: esta vez no le pasa a un oficio, sino a muchos, y a la vez.


El resultado es una sociedad con opinión dividida, pero no ingenua. Muchos ven la IA como un complemento en su trabajo diario, pero un 80% piensa que van a desaparecer muchas profesiones, y casi la mitad cree que el empleo en conjunto irá a peor.


Lo que la IA hace por los que preguntamos

Medina también habló de casa. El oficio de la demoscopia ha cambiado por completo: la mitad de los hogares ya no tiene teléfono fijo, así que el viejo método de llamar a la hora de comer tiene los días contados. Y aun así, nunca habíamos tenido tanta capacidad para entender a la sociedad. Las herramientas cambian. La pregunta sigue siendo la misma: qué piensa la gente y por qué.


¿Su conclusión? Ni paranoias ni papanatismo. Control humano sobre la tecnología y la mirada puesta en el progreso colectivo. Las máquinas pueden hacer muchas cosas. Decidir qué hacemos con ellas sigue siendo cosa nuestra.

Con la inteligencia artificial en boca de todos, Jorge Bustos dedicó la sección ‘El Observatorio’ de Herrera en COPE a una pregunta incómoda: ¿qué sienten los españoles ante la IA? Andrés Medina, director general de Winston, trajo la respuesta. Y no es entusiasmo.


Durante un tiempo, la IA fue el juguete nuevo. Le pedías un poema, un correo o una receta con lo que quedaba en la nevera, y te quedabas con la boca abierta. Eso se está acabando. Como explicó Medina, la preocupación, la cautela y el miedo están venciendo al entusiasmo y a la emoción que cualquiera siente cuando trabaja con estas herramientas. El asombro dura poco. La inquietud, bastante más.


Los datos que puso sobre la mesa no dejan mucho margen: casi 9 de cada 10 españoles temen no saber ya qué es real y qué es fabricado. Y más del 80% teme que las máquinas puedan tener armas y funcionar por su cuenta. No es ciencia ficción. Es lo que la gente contesta cuando le preguntas.


El miedo de los que llevan corbata

Lo llamativo es dónde se concentra el pesimismo sobre el empleo: no en los países con menos recursos, sino en las economías más avanzadas, como Corea del Sur, Australia o Estados Unidos. En España, según Pew Research, el 54% cree que la IA destruirá más empleos de los que cree. Medina lo explicó con una imagen difícil de olvidar: hoy los campesinos del siglo pasado somos nosotros, los que tenemos como aperos de labranza el teléfono móvil y el teclado. Con una diferencia que lo cambia todo: esta vez no le pasa a un oficio, sino a muchos, y a la vez.


El resultado es una sociedad con opinión dividida, pero no ingenua. Muchos ven la IA como un complemento en su trabajo diario, pero un 80% piensa que van a desaparecer muchas profesiones, y casi la mitad cree que el empleo en conjunto irá a peor.


Lo que la IA hace por los que preguntamos

Medina también habló de casa. El oficio de la demoscopia ha cambiado por completo: la mitad de los hogares ya no tiene teléfono fijo, así que el viejo método de llamar a la hora de comer tiene los días contados. Y aun así, nunca habíamos tenido tanta capacidad para entender a la sociedad. Las herramientas cambian. La pregunta sigue siendo la misma: qué piensa la gente y por qué.


¿Su conclusión? Ni paranoias ni papanatismo. Control humano sobre la tecnología y la mirada puesta en el progreso colectivo. Las máquinas pueden hacer muchas cosas. Decidir qué hacemos con ellas sigue siendo cosa nuestra.